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lunes, 21 de junio de 2010

Discos y novedades



Por el musicópata

¿Qué estamos escuchando? Yo, de entre las últimas cosas que recibí la semana pasada, estoy fascinado con un disco que agrupa las 4 baladas y los nocturnos del Op. 9 de Chopin. Es una producción del año pasado del sello Alpha y obviamente con piano de época. De otra manera no puede ser. Es el bondadoso toque de Schoonderwoerd que nuevamente seduce con la elegancia de un Pleyel de 1836. Acá no hay espacios para estridencias impertinentes ni grandilocuentes ademanes impostados. Es la música en su esencia. ¡Qué lindo! También recibo algunos ciclos de lieder de Schubert. Un bello texto elocuentemente musicalizado es siempre bien acogido. La canción romántica me gusta cada día más. Gracias a la ayuda de un “sitio amigo” y mientras espero el despacho del disco, escucho con agradable sorpresa los Concerti per fagotto I de Vivaldi. Otro acierto de la Vivaldi Edition. Es que casi no tiene baches. Casi. Y ahora fue el turno de Sergio Azzolini, por si alguien aún duda del gran músico que es. Federico Maria Sardelli llega a Chile este fin de semana y trabajará por más de un mes en un estreno absoluto para la audiencia local. Yo aprovecho de repasar su extensa discografía mientras espero recibir pronto la reedición de Opera Overtures, una recopilación de Sinfonie dai Drammi per Musica del Prete rosso. (Corrijo sobre la marcha, porque lo acabo de recibir!!)

Pareciese que se celebra a Bach todos los meses. ¿Cuántas “Goldberg” salen al mercado por trimestre? Yo aún no compro la de Staier, pero ya está en mi “wish list”. A las recientes e imprescindibles reediciones de Herreweghe en Hamonia Mundi, se suma la Misa en Si menor por John Butt y su lectura con coro de solistas, también el onceavo disco de cantatas por Sigiswald Kuijken (BWV 12, 67 y 85) y el último volumen de la integral en curso de Suzuki por el sello Bis (BWV 17, 19, 45, 102). Es el número 46 y seguro que será espléndido. Lo dice la plantilla de cantantes. En MDT está a un poco más de siete mil pesos. Y el mismo sello sueco también anuncia el octavo disco de las sonatas de Beethoven, en pianoforte. Ahora es el turno de los Op.101, 109, 110 y 111. Es el cierre del premiado ciclo interpretado por Ronald Brautigam.

Reviso los boletines de los sellos. Entre reediciones, novedades y futuros lanzamientos tenemos a Mozart con Phantasia (Ramee). Scarlatti y Soler en un recital de B. Cuiller y una selección de Pièces de clavecin de Jacques Duphly, ambos editados por Alpha. Ricercar y un doble cd con conciertos para clave de Wilhelm Friedemann Bach. El solista es Guy Penson. Alessandrini y dos discos en Naïve: Chaconne y Mottetti de A Melani. Berenice, regina d'Egitto de Handel (Virgin) y la batuta del infatigable Alan Curtis. De Glossa destaco Italian Cantatas vol. 7, que incluye Apollo & Dafne, Agrippina condotta a morire y Cuopre tal volta il cielo. También Il più bel nome (Antonio Caldara / El concierto Español) y Odi Euterpe con la mezzo Rosa Domínguez. ¿Ya compraron el último disco de Robert Barto y las sonatas de Weiss? ¡Obligatorio! La Pasión según San Marcos de Reinhard Keiser (Christophorus). Sonatas para cello y continuo de Antonio Caldara con Gaetano Nasillo (Arcana). Barcarolles, las 13 bellas miniaturas para piano de Gabriel Fauré por Delphine Bardin (Alpha). Y la serie de precio medio o bajo (depende de dónde compren), “las voces barrocas”, añade diez títulos más, de entre los cuáles señalo con insistencia el de Frescobaldi y su Primo Libro dei Madrigali. Nuevamente es el Concerto Italiano de Rinaldo Alessandrini. ¡Qué buen período fue aquél! Y qué mejor retrato que el registro fonográfico de esas interpretaciones.

Brilliant Classics es inagotable. Entre reediciones y novedades te deja con la boca abierta. Composiciones tempranas de Chopin, integral de conciertos para clave de Wilhelm Friedemann Bach, música de cámara de Giovanni Benedetto Platti, sonatas de Giovanni Battista Vitali, música para piano de John Cage, Purcell y McCreesh, Francesco Mancini y doce sonatas para flauta, un recital titulado Passionate Baroque Arias con Gemma Bertagnolli y la llamativa serie de ópera, en una constante extensión de catálogo y a un precio ridículo de barato. La mayoría son reediciones de antiguos registros, pero por ese módico precio no deja de ser tentador. Y atención, que más de algún título está dentro de la categoría de las llamadas grabaciones referenciales. Desde Purcell a Schönberg, así de amplia es la colección, con una marcada preferencia, eso sí, por las creaciones decimonónicas. Mucho Maria Callas, Fiorenza Cossotto, Dietrich Fischer-Dieskau, Giuseppe di Stefano, Boris Christoff, Tito Gobbi, Kirsten Flagstad y Deborah Voigt. Y bueno, se entiende. Son el tipo de voces que se ajustan correctamente al repertorio. Está bien, lo reconozco. Tengo mi lado “romanticón”, pero es muy, muy selecto. ¡Y que no salga de acá!


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viernes, 9 de abril de 2010

Versiones y novedades


Por el Musicópata



Reviso las novedades discográficas anunciadas en los boletines a los que estoy suscrito y la situación se torna abrumadora. ¿Cómo hacer para estar al día con tanta producción que sale al mercado y con semejante regularidad? Eso es un imposible. ¿Crisis del cd? No sé quién dijo eso… Algunas reglas que me autoimpongo: me permito tan sólo dos, rara vez tres versiones de alguna composición fundamental. ¿Para qué más si sé que he sido sumamente exigente para inclinarme por una u otra? Así, además, controlo la sobrepoblación de discos y dejo espacio para los libros. Ese es mi otro vicio y más grave. Mucho más grave.


Tomo como referencia a algunos inagotables maestros y paso revista. Para las Goldberg, que debe ser una de las obras con más versiones en disco, yo selecciono dos, Hantaï I (Opus 111) y Hantaï II (Mirare). Los célebres seis solos para el cello, Bylsma I y Wispelwey II. La Misa en Si Menor, una tradicional, Suzuki (Bis), y otra OVPP, Kuijken (Challenge Classics). Con las casi inabordables sonatas para laúd de Weiss, mi primera opción siempre son los ya diez volúmenes de Robet Barto (Naxos) que se complementan perfectamente con dos de Eduardo Egüez, uno de Hoppy y otro de José Miguel Moreno, no más. Dowland tiene dos caras, una virtuosa en dedos de Paul O’Dette (HM) y otra más serena y madura por Nigel North (Naxos). Monteverdi y sus madrigales, ahí conjugo entre La Venexiana, el sexto libro por Alessandrini y el trabajo de Marco Longhini para Naxos, sello de bajo costo que siempre sorprende con una que otra integral. Y muy pronto sale el primer volumen de los madrigales de Gesualdo por los mismos Delitiae Musicae de Longhini (!!!). Membra Jesu Nostri, Fasolis y Veldhoven. El Op. 5 de Geminiani, Nasillo (Symphonia) y McGillivray (Linn). El Op. 4 de Haendel, ¿Dantone, Egarr y Halls? Mejor paso a las novedades…

Comienzo con los responsorios para Semana Santa de Tomás Luis de Victoria. Si destacada era la interpretación de los Tallis Scholars (Gimell), ahora sale la de Raúl Mallavibarrena y Musica Ficta (Enchiriadis), quienes ponen nuevamente en el tapete a un discreto sello que sabe hacer las cosas muy bien. Escuché algunos extractos y les aseguro que es una lectura totalmente novedosa, atrevida. El disco se llama sugerentemente “18”. Paso a Bach, porque pareciese que todos los meses se celebra al cantor de Lepizig. Cuatro discos: los Motetes por el sólido Masaaki Suzuki; Andreas Staier y su lectura de las Goldberg, con sugerentes cambios de registros; la Pasión según San Mateo nuevamente con criterio de una voz por parte y por el incansable Sigiswald Kuijken, pero con un elenco de cantantes que te hace dudar si adquirirla o no -yo paso, con Butt y la segunda de Herreweghe tengo de sobra-, y las Sonatas en Trío por Reine-Marie Verhagen (flautas dulces) y Tini Mathot (clave y órgano de cámara). Ricercar saca otra selección de Danceries de Attaingnant y son sus más avezados intérpretes, Denis Raisin-Dadre y Doulce Mémoire, quiénes así complementan su antigua producción para Astrée. Anthony Bailes para el elegante sello Ramée preparó un programa titulado Apollon Orateur. Son piezas para laúd barroco de los Gaultier, Ennemond y Denis, ambos compositores alguna vez tan bien llevados al disco por Hopkinson Smith. Hace algunos meses, Christophe Rousset volvió a indagar en la obra para clave de Johann Jakob Froberger y grabó seis suites para Ambroisie. Carus lanza la versión de Mendelssohn del Dettingen Te Deum de Haendel con falutas, clarinetes y trompas, yo arranco y recuerdo gratamente la de Stephen Layton para Hyperion. Giulio Cesare in Egitto, sí, una de las óperas más grandes de todos los tiempo. Ahora es el turno de George Petrou para demostrar qué tan lejos puede llegar con su Orquesta de Patras y un elenco de solistas cada vez más llamativo. No conozco esta versión, yo tengo la de Minkowski que es espléndida, pero mi amigo español Javier Sarría Pueyo, un haendeliano acérrimo, dice que el maestro griego se convirtió en un imprescindible. Sergio Azzolini crea todo tipo de expectativas (yo espero una integral, no menos) con su Concerti per fagotto I para la obligatoria serie Vivaldi Edition del sello Naïve y registra, además, seis mozartianas sonatas para fagot y pianoforte de Thaddäus Wolfgang von Dürnitz. Me atrevo también con éste último, Azzolini es un dato seguro y a veces es bueno avanzar un poco más allá de 1750. A veces y con mucha precaución. Y ya que doy el salto, agrego algo de música de cámara de C. F. Abel y J. C. Bach por Il Gardellino, también los tres tardíos cuartetos de C. P. E. Bach (La Tempestad/Arsis), incluso otro disco que se me pasó, el recital de Rossini con Joyce DiDonato y la dirección de Edoardo Müller.

¿Cómo es posible que Glossa, Accent, Ramée, MDG, Pan Classics, DHM, Arcana, entre muchos otros, aún no estén en los escaparates de la famosa tienda que ahora mezcla libros, cds y todo tipo de accesorios? Alpha, Ricercar y Fuga Libera llegó. Tarde, muy tarde, pero llegó. Y les aseguro que insistí mucho en ello. Que hagan algo pronto, si no seguirán perdiendo clientes. Por suerte podemos acceder regularmente a Bis, Hyperion, Chandos y CPO en la disquera del Pueblo del Inglés. Mas por internet siempre es menos costoso y más seguro dar con el producto deseado. Pero a la vez es más peligroso, porque cuando uno está de cara a la novedad la tentación es muy fuerte. ¿No era tan sólo dos versiones por obra?...



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viernes, 2 de abril de 2010

La Pasión según San Mateo



Ideas breves

La Passio secundum Matthaeum de Johann Sebastian Bach (BWV 244) se representa por primera vez en la Thomaskirche de Leipzig para el servicio de Vísperas del Viernes Santo de 1727, dos años después de que el Kantor de la Thomasschule, según se cree, iniciase los primeros esbozos de la partitura. De hecho, el no haberla finalizado para el Viernes Santo de aquel 1725 significó tener que ejecutar nuevamente, con uno que otro cambio, su anterior pasión, la de San Juan, representada por primera vez un año antes.

La Pasión según San Mateo, con formato de doble coro y doble orquesta, corresponde a una extensa narración sacra que fusiona en perfección tanto lo lírico como lo dramático: el relato de las horas finales de Cristo y al mismo tiempo la respuesta y comentarios por parte de los fieles respecto del relato. Es la musicalización de los capítulos 26 y 27 del evangelio homónimo entrelazados con diversos corales luteranos, coros, recitativos y arias; los textos, en el caso de los corales, tienen una antigüedad de hasta dos siglos, y los versos del poeta Christian Friedrich Henrici, conocido con el seudónimo de Picander, completan el resto del libreto que en suma logra un forma de enorme diálogo.

La música de la Pasión según San Mateo, dividida en dos partes y que enmarcó el extenso sermón de casi dos horas de ese viernes 11 de abril de 1727, presenta prácticamente todas las formas musicales ejercitadas en aquel entonces: recitativos acompañados y secco, arias, armonizaciones de corales tradicionales, coros, incluso la forma motete. Asimismo, se plantea todo tipo de posibles combinaciones vocales al conjugar o enfrentar las voces de ambos coros. La estructura de la obra logra una complejidad y heterogeneidad sin precedentes, rica en un sinfín de detalles musicales y expresivos.


Concertistas y ripienistas

De acuerdo a las investigaciones de Joshua Rifkin y Andrew Parrott, tan oportunamente avaladas y completadas por otros estudios de John Butt, indagaciones siempre realizadas sobre la base del conjunto de particielas conservadas de la época de Bach, la Pasión San Mateo fue, casi con seguridad, interpretada originalmente por tan solo 8 voces solistas, denominadas concertistas y divididas en dos grupos (soprano, alto, tenor y bajo), quienes asumen la totalidad de las partes del canto, es decir, coros, corales, arias y recitativos. Los roles principales del evangelista, quién precisamente narra el evangelio en tercera persona y en forma de recitativo secco, y el rol de Jesús, corresponden respectivamente al tenor y bajo del coro I. Por otra parte, a los concertistas se añaden otras tantas voces, tres o cuatro, quienes asumen los roles menores de las dos criadas, la mujer de Pilatos, Pilatos, Judas, Pedro, Caifás y los Pontífices. En tanto que una de éstas voces, denominada soprano in ripieno, apoya en algunos números musicales, pero mínimamente.


El registro

John Butt, eximio estudioso de la obra de Bach y director del Dunedin Consort, se inclina por una tardía versión de la Pasión San Mateo para su primer registro en disco de esta creación cumbre del maestro oriundo de Eisenach, versión que debió haberse representado cerca del año 1742.

Dicha partitura presenta una que otra modificación en cuanto a la instrumentación respecto de las versiones anteriores: se reemplaza el órgano por un clave en la orquesta II y también se añade una segunda viola de gamba a la misma orquesta, para el continuo del recitativo y aria "Mein Jesus schweigt” y “Geduld!” del tenor del coro II.

En resumen, las orquestas, en formato muy reducido, están conformadas cada una por dos violines primeros y dos violines segundos; viola, cello, violone y viola da gamba, uno de cada instrumento; flautas y oboes en pares, difiriendo solamente en que la orquesta I cuenta con un órgano y un calve y la orquesta II sólo con un clave. Y en cuanto a las voces y de acuerdo a la práctica OVPP, 8 son los concertistas y 4 las voces de apoyo para cubrir las parte de soprano in ripieno y todos los roles menores.

El resultado es un perfecto equilibrio entre las partes instrumentales y vocales, con una claridad abrumadora de la textura musical. Basta con enfrentarse al impresionante coro de apertura "Kommt, ihr Töchter" y ya te haces una idea de todo el potencial y beneficio para este tipo de repertorio el aplicar correctamente los criterios históricamente documentados. El rol de Jesús en voz de Matthew Brook es conmovedor en su grado máximo y la narración del evangelio por parte de Nicholas Mulroy es más que elocuente. Destacan especialmente las bellas y cristalinas voces de la soprano Susan Hamilton y de la mezzo Clare Wilkinson, quién en el célebre “Erbarme dich” logra, según mi criterio, la mejor interpretación disponible en disco de una de las más emotivas arias sacras de la historia musical.

Con este trabajo discográfico estamos ya en condiciones de plantear un resumen de las mejores lecturas posibles de la Pasión San Mateo. Una más "tradicional", me refiero a la segunda de Philippe Herreweghe para la casa francesa Harmonia Mundi, imprescindible; otra más "osada" y fielmente documentada, por cuenta de Paul McCreesh y un espléndido equipo de solistas, para el sello Archiv, y la presente de John Butt, “casi perfecta”, fruto de un trabajo constante y concienzudo por parte del sabio maestro inglés y también, no podemos engañarnos, por el minucioso despliegue técnico de sonidistas y productores musicales.




Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Matthew Passion

Dunedin Consort & Players
John Butt

Linn Records, 2008 (3 CDs)


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lunes, 22 de marzo de 2010

De la suite de danzas


A lo largo del siglo XVI y en los lujosos salones privados de las más distinguidas familias italianas y francesas es donde posiblemente se origina la suite de danzas cuando surge la necesidad instrumental de acompañar rítmica y melódicamente los agrupados movimientos de danzas de carácter para que bailarines semi profesionales, cortesanos y nobles, que formaban parte activa en los ballets de cour, pudiesen lucir sus máscaras y tocados al momento de representar con unos discretos pasos de baile los argumentos declamados por el orador de turno. A la solemne pavane, procesional siempre, la sucedía inmediatamente una por aquel entonces más animada allemande, quizá también una gaillarde, y luego el vigoroso tourdion cerraba uno de los tantos divertimentos, intervalos danzables que demarcaban las numerosas escenas del ballet cortesano. Los oportunos tratados Il ballarino de Fabritio Caroso y L’Orchésographie de Thoinot Arbeau detallan elocuentemente cada una de estas danzas, altas y bajas, bransles y passamezzi, graves y otras más animadas, pero no tanto como para que con el entusiasmo que suscita la sonoridad del tambor, la bombarda y el dulzian, y en un alocado descuido, la dama dejase al descubierto algo más que el talón.


Al mismo tiempo, pero en un contexto radicalmente opuesto, la suite proporcionó una solución a la inquietud del músico que, cuando en solitario ejercitaba o cuando en público deleitaba, quiso extender su interpretación a más de una sencilla pieza y probó añadiéndole al libre preludio ora una danza alegre, ora una danza grave. Eran las mismas piezas que se bailaban, pero ahora, reducidas e intabuladas, se escuchaban en un escenario más íntimo. Estos tímidos primeros intentos de suite no corresponden a más de tres o cuatro movimientos breves, pero aunados por una tonalidad propuesta o por un motivo melódico desarrollado en metros de tempos binario o ternario. Pavane y gaillarde; pavana, saltarello y piva; basse danse, recoupe y tourdion. El músico experimenta y ya se vislumbra una estructura coherente. Pronto tecladistas y laudistas presentarán en sus colecciones las danzas agrupadas por su género o por una tonalidad afín, pero en un esquema todavía muy libre. Kapsberger en su libro primo d’intavolatura di lauto (1611) incluye ocho tocatas, luego doce gallardas y cierra su tomo con un número igual de corrrenti. Entonces es el tañedor quién decide cuántas y cuáles de estas miniaturas selecciona y cómo las ordena. Michelangelo Galilei se anticipa y él mismo en su publicación de 1620 organiza sus creaciones por “tonalidades”, pero deja al intérprete la opción de formar una suite con la cantidad de piezas que desee. En cambio, Giovanni Picchi en su Intavolatura di Balli d’Arpicordo (1621) propone lo que perfectamente puede considerarse como una gran suite con doce movimientos.


Ya hacia el barroco medio y siempre en Francia, la suite instrumental solista progresivamente irá adquiriendo la forma que nos es tan conocida y que se consolidará como la manera de hacer música ya no como soporte para un bailarín, sino para satisfacer las más delicadas inquietudes creativas; es el momento en que las danzas alcanzan maneras tan estilizadas que aunque el gran Louis Pécourt lo intentase, no hubiese podido sostener un port de bras tan grácilmente como sí lo hacía la mano diestra de Chambonnières sobre el contrapunto de una dolida sarabande. La suite madura y se le denominará indistintamente partita, igualmente ordre. A la sucesión contrastante de allemande, courante, sarabande y gigue, por lo general y en primer lugar, se antepondrá un prélude, para que el intérprete ejercite sus dedos, otras veces una ouverture a la francesa, otras una toccata; también se le intercalarán otras diversas danzas tan curiosas y aceptadas como el menuet, la gavotte, la bourrée, el paysane, el loure, el passepied, incluso un ostinato como la chaconne y el passacaille o la sentida evocación en forma de tombeau tendrá espacio dentro de la suite.


Publicaciones hay muchas, cada una tan transcendental como la otra. Ennemond Gaultier con sus piéces de luth tempranamente modela la forma suite. Froberger trabaja aún sobre una pauta flexible y la gigue no siempre se ubica al final de la serie. Vilsmayr para su Artificiosus Concentus pro camera à Violino Solo escribe seis partitas, al igual que Westhoff en 1696. Robert de Visée transcribe en sus libros danzas que se bailaron en alguna comedia-ballet de Lully sobre textos de Molière. François Couperin en sus cuatro livre de pièces distribuye hasta veintisiete descriptivos ordres. Bach nos lega sus imprescindibles suites francesas, inglesas y partitas, sus famosos seis solos para el cello y otros tantos para el violín, todos senza basso. Handel en 1720 y 1733 hace lo suyo y publica quince suites de pieces pour le clavecin y una gran Chacone con sesenta y dos variaciones. Weiss compone el repertorio más extenso para el laúd y lo traduce en un generoso número de Sonatas, como a él gustaba llamarlas. Johann Caspar Ferdinand Fischer y su monumental Musicalischer Parnassus, otros nueve tantos. Y entre ellos, con menos eco para nosotros, pero con tanta sabiduría y buen gusto para la música, Mattheson saca a luz sus Pieces de clavecín en deux volumes publicadas en Londres en 1714. Por ahora, yo me quedo con éstas últimas.





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miércoles, 10 de marzo de 2010

Vivaldi, o el más grande compositor de óperas






Mientras reviso desordenadamente algunos de los títulos que el Prete Rosso compusiera principalmente para la escena veneciana y selecciono una que otra aria para traspasarla a mi iPod (nada mejor que caminar por la ciudad con música de Vivaldi como telón de fondo), no es otra la sensación que me queda luego de repasar mi compilación final que la de una gratísima impresión y un buen gusto que seguro no se desvanecerá tan a la ligera. Si bien uno puede acercarse parcialmente a este repertorio a través de los numerosos recitales de arias en disco que están disponibles en el mercado especializado, sin duda alguna la mejor opción es prestar la debida atención a la sorprendente iniciativa del Istituto per i Beni Musicali in Piemonte, fundado y presidido por el prestigioso musicólogo Alberto Basso, cuyo proyecto, entre otros, es la edición discográfica con los correspondientes criterios historicistas de las casi 450 composiciones repartidas en los 27 tomos de páginas manuscritas que tan celosamente custodiara la Biblioteca Nacional Universitaria de Torino, colección correspondiente a la biblioteca privada de partituras que Vivaldi tenía en su poder en 1741, año de su muerte, y adquiridas por la biblioteca italiana en 1930, donde actualmente se conservan.

El sello francés Naïve, en el marco de la Vivaldi Edition, es el encargado de presentarnos, desde el año 2000 y en un trabajo en curso, la totalidad de la colección en algo así como 120 discos y entre los que deberían figurar unos trecientos conciertos para uno o más instrumentos solistas, cuerdas y continuo, sesenta creaciones de música sacra, quince salmos, una docena de motetes, tres serenatas de largo aliento, una treintena de cantatas y cerca de una veintena de obras teatrales de un total de 49 libretos de ópera que con certeza se sabe que Vivaldi musicalizara desde 1713 a 1738, hecho que lo convierte, a lado de Alessandro Scarlatti, como el compositor más fecundo de su época. (En una carta dirigida al Marqués Guido Bentivoglio, su protector ferrarés, Vivaldi asegura haber escrito… ¡94 óperas!). Ya disponemos de La verità in cimento, Tito Manlio, Griselda, Orlando furioso y Orlando finto pazzo, títulos que en ciertos casos no habían sido escuchados desde el mismo siglo XVIII. Algunos están muy bien registrados, los menos, hay que reconocerlo, y otros pecan más de un excesivo entusiasmo que de una acertada lectura y dan paso a un mero espectáculo circense/editorial, perfecto escenario para un superficial festival de pirotecnia instrumental y vocal, incluso para la deleznable práctica de la mutilación musical; hay voces buenas -algunas muy buenas- y muchas otras tantas para el olvido; batutas atentas y teatrales, otras, curiosamente las más publicitadas, muy poco serias y preparadas. Creo que lo más logrado es La Fida Ninfa (lo mejor de Jean- Christophe Spinosi, por lejos, aunque es más el mérito del fabuloso elenco de cantantes que del director mismo), L’Olimpiade (Rinaldo Alessandrini) y Atenaide (Federico Maria Sardelli, que si todo marcha según lo planeado, lo podremos ver este año dirigir un estreno absoluto en Chile). Farnace pudo haber sido seguramente uno de los puntos altos de esta serie, pero se optó (por lo menos esa es la versión que se incluyó como “extra” en la caja que recopila los seis primeros títulos de ópera editados por la casa francesa) por la reedición del insufrible registro en vivo que se hiciera de la lectura de Jordi Savall en el Teatro de la Zarzuela de Madrid (Alia Vox, 2001) y nos perdimos la oportunidad de disfrutar, según aún se lee en los medios especializados, del criterioso trabajo del bueno de Alessandro de Marchi.

Dentro de los próximos años y como ya se anuncia, debería aparecer en el mercado discográfico Ottone in Villa, Arsilda, Regina di Ponto, Armida al campo d’Egitto, Teuzzone y Farnace (?). Complejos libretos, algunos más logrados que otros; ligeras y breves sinfonías con la tripartita estructura de un concierto barroco; pasajes vocales con coloraturas endemoniadas y frases “cantabiles” de una conmovedora introspección, es el personal e inconfundible lenguaje musical del virtuoso violinista veneciano. Fuente inagotable de arias de una belleza sobrecogedora, si me hacen elegir, yo me quedo sin dudarlo con solamente uno de estos títulos antes que la obra completa del más entusiasta y prolífico creador decimonónico. Para mí, Vivaldi, junto con Handel –por supuesto- y Lully, es con diferencia uno de los más grandes creadores de óperas de todos los tiempos.


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